Ooho! todo un descubrimiento

25.03.2018

Hoy traigo un nuevo descubrimiento que ha llegado a mis ojos de casualidad en estos días. Desde el blog de diseño "Diario Design" leí el artículo y desde entonces no he parado de pensar en este ¿objeto?

¿Qué es? ¿Es un objeto en sí mismo? ¿El packaging de otro? Dejo el vídeo para que podáis sacar conclusiones

Creo que podríamos definirla como el envase de "plástico" del futuro que además es comestible ¿no? (me pregunto ahora, ¿sigue teniendo las propiedades nutricionales de las algas de las que está compuesto?)

Al final es una membrana que alberga un líquido o sustancia en su interior y por lo visto es tan fácil de fabricar que cualquiera podría hacerla en casa. Solo tiene un gasto de producción de 2 (dos!) céntimos de Euro, es una brutalidad pensándolo de manera empresarial, ecológica, biológica , sostenible y todos los campos y adjetivos que nos dé la gana. De momento no veo ningún punto negativo, ya las grandes corporaciones de alimentación tipo Nestlé y demás se encargarán de buscarlos. 

Sus creadores son Rodrigo García González, Pierre Paslier y Guillaume Couche, del estudio Skipping Rocks Lab y donde al final lo que han creado es un recipiente que contiene agua en una doble membrana, usando una técnica para dar forma a los líquidos en esferas llamada "esferificación". Una técnica que encapsula alimentos con texturas de gelatina, de manera que tengan consistencia similar a la hueva de pescado. Algo que ya se usa en cocina desde hace bastante tiempo en restaurantes de prestigio tipo El Celler de Can Roca de la mano del Cheff Ferrán Adriá. 

Skipping Rocks es un laboratorio con sede en Londres donde buscan soluciones de packaging sostenible. Su primer producto ha sido este, una película compuesta de algas que permite encapsular agua y zumos, refrescos o alcohol en una esferas 100% biodegradables y tan naturales que hasta se pueden comer. El material es insaboro, aunque se le pueden añadir sabores a voluntad y sacarán su primera línea de aguas con sabores y chupitos healthy, que estarán a la venta en festivales, tiendas y eventos. Además, es extremadamente ecológico y tarda entre 4 y 6 semanas en biodegradarse. 

Ooho! está hecha de algas y cloruro cálcico, a muy bajo coste. Para beber el agua solo tendrías que romper la esfera y sorber el agua de su interior. Además ya cuenta con el premio anual Lexus Design Award 2014. 

Mi pregunta viene ahora, ¿si esto ya tiene un premio en 2014, cómo es que no se ha comercializado ya a nivel mundial? ¿Qué tipo de organización lo impide? ¿Qué economía no quiere beneficiarse de este descubrimiento?

Nos podemos volver conspiranóicos y pensar en la industria del carbón y los combustibles fósiles, que al fin y al cabo son los que manejan el cotarro, si esto se comercializa, perderán miles de millones de dólares de la fabricación de las botellas de plástico, y a día de hoy,  mayoría de las botellas de agua se fabrican con tereftalato de polietileno (PET), un plástico derivado del petróleo. El 86% de las botellas de plástico de agua usadas en EE.UU. se convierten en basura o relleno. La incineración de las botellas usadas genera subproductos tóxicos tales como el gas clorado. Las botellas enterradas pueden tomar hasta 1.000 años para biodegradarse. El 90% del coste del agua embotellada es por la botella. Son cifras que asustan y que no dejan de ser alarmantes. Cada año se consumen 36 mil millones de botellas de agua en el mundo y ese número crece un 4% por año.

Para "usar" este envase, se hace un agujero en la superficie y se sorbe y el líquido inunda el interior de la boca (algo que puede resultar mucho más entretenido que desenroscar el tapón de una botella, aseguran los inventores). Una vez iniciado el proceso, hay que terminarse el agua de una vez. "El volumen ideal -según Paslier- es de 50 mililitros". Luego, se puede tirar el "envase", y que, en cuestión de semanas, se habrá descompuesto. Quien lo prefiera, también se la puede comer. En este video también podemos ver como se puede trasladar a otras industrias

Dicen sus creadores que el proceso de producción de las bolitas consume nueve veces menos energía y cinco veces menos dióxido de carbono que la producción de botellas de plástico normales. La patente ya ha sido presentada y el proyecto lleva recaudados más de un millón de dólares a través de la plataforma Crowdcube