Sillas y mesas

25.02.2018

Sillas y mesas... ¿En qué pensamos cuando decimos esto? Sillas y mesas... A lo mejor, al ser tan genérico, nos podríamos imaginar el comedor de la universidad, lleno de estos muebles, todas las sillas debajo de las mesas, bien recogiditas, todas en orden antes de que los niños aparezcan a la hora de comer; nos podríamos imaginar la terraza de una cafetería, también todas iguales, todas apiladas porque ya es la hora de cerrar, algunas más sucias, otras más limpias, otras mas estropeadas por el uso, algunas más nuevas; nos podríamos imaginar el aula de nuestro colegio, el de cuando éramos pequeños, lleno también de pequeñas mesas y sillas, todas iguales, pintadas, con dibujos hechos a lápiz, con chicles pegados, con restos de plastilina, de pegamento, ¡hasta de chocolate!, pero todas llenas de niños, de nuestros compañeros, de nuestros amigos...


¿Cuál es la primera imagen que se nos viene a la cabeza cuando leemos la palabra silla? "La Silla" Esta vez no es tan genérico, es más particular, es más individual, solo es una, ¿en qué pensamos? A lo mejor en un patio, soleado, lleno de macetas con geranios de todos los colores, a media tarde, con ese olor a flores de primavera y, ahí esta ella, la silla; es una silla de hierro, pintada de blanco, quizás también la imaginemos pintada de azul, o de rojo, o de amarillo, no sabemos por qué, pero casi siempre de blanco, con la sombra del dibujo de su herraje bien dibujado, bien señalado en el patio, todo tan blanco y con tantas flores...

Quizás nos imaginemos también una habitación, esta vez más oscura, pero con una entrada de luz, no sabemos si proveniente de una ventana o de una puerta, pero entra un rayo de luz directo a esta silla, esta vez es de madera, de un color más oscuro, pero que tampoco visualizamos bien por la oscuridad de la imagen, pero si diferenciamos bien su silueta, de madera curvada, con el asiento que parece mullido, que parece como si alguien se acabara de levantar, todavía con el asiento que no ha recuperado su forma habitual...

¿Y con la mesa? ¿Qué ocurre cuando nos nombran la palabra mesa? Con la mesa nos ocurre otra cosa, y es que, una mesa no es nada sin una silla, la silla nos la podemos imaginar sola, en cualquier entorno, en cualquier parte, de cualquier forma, es una estupenda estampa una simple silla en la calle al lado de una puerta, nos dice mucho, nos da indicios de que alguien se ha sentado ahí, alguien ha pasado un tiempo en ese lugar, pensando en sus cosas, solo o acompañado, en la puerta de una casa de pueblo, viendo la gente al pasar y saludando a todo el mundo, sin preocupaciones... pero la mesa... cuesta más trabajo visualizarla sola, sin entorno, sin estampa a la que admirar, pero haciendo un esfuerzo, se nos viene una imagen a la mente, una mesa de cocina, la de la casa de nuestros abuelos, y con esa señora ahí, tan mayor, picando pimientos para hacer el refrito de una empanada gallega por Navidad; inmejorable imagen para una mesa...

También nos imaginamos una cena, en verano, con nuestros mejores amigos, la mesa repleta de comida y bebida, sabiendo que quedan horas por delante para disfrutar de la compañía elegida que siempre deja un buen sabor de boca...

Y es que ocurre esto con las sillas y las mesas, son objetos tan cotidianos, tan usuales que no nos damos cuenta de lo que realmente puedan significar para nosotros, no es necesario que tenga un nombre propio y que su fabricante sea tan conocido como la Coca- Cola, no es necesario eso, por ello no nos declinamos en comentar las terminaciones y los acabados y los revestimientos de cada una de las sillas y mesas que aparecían en la página, sino de exponer lo que significa una silla y una mesa, los momentos que se viven y las experiencias que nos dejan estos muebles.

Pero desde otro punto de vista, una vez visualizado el elemento en cuestión nos preguntamos: ¿Para qué sirve una mesa? Para comer, para estudiar, para leer, para escribir, para ¿qué? Para comer... realmente no hace falta una mesa para comer... con esto recordamos un día de verano, en la playa, tomando el sol, en la orilla, con las amigas, y una de nosotras sujeta con una mano un plato de tortilla, en la arena húmeda no se puede dejar porque vienen las olas, está subiendo la marea... Estamos comiendo y no tenemos mesa. Sirve para estudiar... tampoco hace falta una mesa para estudiar... puedes caminar mientras vas memorizando la lección, puedes estar tumbada en la cama, puedes estar en la terraza inventándote una canción con los ríos de España para localizarlos geográficamente... puedes incluso estar dentro de una piscina bañándote y estar estudiando, por lo que no hace falta una mesa para estudiar... ¿Para leer? Estamos viendo que tampoco, puedes hacerlo en la playa sentada o tumbada, de pie, en la parada del metro, en un taxi... no hace falta que sea un libro, puede ser una valla publicitaria mientras vas conduciendo... por último habíamos citado para escribir... por supuesto que tampoco... se puede escribir en una mesa, está claro que si, y sobre ella también, en un folio, pero no es el único lugar, ya sea a mano o a máquina u ordenador, no tiene por qué estar el elemento mesa como imprescindible para escribir. Se puede dejar una nota en el espejo del baño cuando se llena de vaho, estamos escribiendo, se pueden formar palabras con los imanes de la nevera en forma de letras, estamos escribiendo... y no hay una mesa de por medio, ni una silla, su fiel compañera...

Por todos estas deducciones, pensamos que no es suficiente con tener la mejor silla ni la mejor mesa del mercado, las mas novedosas, con las mejores terminaciones, fabricadas por las mejores empresas y diseñadas por los mejores diseñadores... no es suficiente, las mesas y las sillas está llenas de momentos, de recuerdos, de situaciones y relaciones que no se pueden comprar por el precio de la de Mies, simplemente con el momento de la playa, estamos sentadas en la arena, y la mano de una de nosotras hace de mesa... no es necesario todo lo que se monta alrededor de la palabra silla y de la palabra mesa, sino de lo que realmente significan para nosotros, de las experiencias y de los momentos vividos, de los recuerdos, y de las personas que los acompañan.